Per una vera, mille sono finte.
Por una verdadera, mil son falsas.
     
Le Nuvole
Las Nubes
(Sólo instrumental)
     

(Anziana donna)
Vanno, vengono
ogni tanto si fermano e quando si fermano
sono nere come il corvo
sembra che ti guardano con malocchio.

(Giovane donna)
Certe volte sono bianche
e corrono e prendono la forma dell'airone
o della pecora o di qualche altra bestia.

(Anziana donna)
Ma questo lo vedono meglio i bambini
che giocano a corrergli dietro per tanti metri.

(Giovane donna)
Certe volte ti avvisano con un rumore prima di arrivare
e la terra si trema e gli animali si stanno zitti.
Certe volte ti avvisano con rumore.

(Anziana donna)
Vengono, vanno, ritornano
e magari si fermano tanti giorni
che non vedi più il sole e le stelle
e ti sembra di non conoscere più
il posto dove stai.

(Giovane donna)
Vanno, vengono,
per una vera, mille sono finte
e si mettono lì, tra noi e il cielo
per lasciarci soltanto
una voglia di pioggia.

(Mujer anciana)
Vienen, van
de vez en cuando se paran y cuando se paran
son negras como el cuervo
y parece que te miran con mal de ojo.

(Mujer joven)
A veces son blancas
y corren y toman la forma de la garza
o de la oveja o de algún otro animal.

(Mujer anciana)
Pero esto lo ven mejor los niños
que juegan a correr tras ellas durante tantos metros.

(Mujer joven)
A veces, te avisan con un rumor antes de llegar
y la tierra tiembla y los animales enmudecen.
A veces, te avisan con un rumor.

(Mujer anciana)
Vienen, van, vuelven
e incluso se paran tantos días
que no ves ya más ni el sol y ni las estrellas
y te parece que ya no conoces más
el lugar en donde estás.

(Mujer joven)
Vienen, van
por una verdadera, mil son falsas
y se ponen ahí, entre nosotros y el cielo
dejándonos solamente
un deseo de lluvia.

     
    (Traducción José Antonio)
     
Canción publicada en el disco "Le Nuvole (1990)"
 

Canción que da título a todo el trabajo y que es una referencia a una obra con el mismo nombre escrita por Aristófanes. Dos voces de mujer, una anciana y otra joven, con acento sardo, representando la madre tierra, dialogan sobre la naturaleza de las nubes, símbolo de los poderosos de las finanzas, de la política, de la industria...que impiden al pueblo ver la luz del sol, es decir, la verdad. Poderosos que, como las nubes, deciden por encima de nosotros, a los que estamos sometidos y que tantas veces nos dejan solo ganas de llorar (ganas de lluvia).

El zumbido inicial de las langostas sirve de marco a la primera  parte del trabajo (se oye nuevamente cuando concluye ésta).  

José Antonio

En 1990, el duodécimo álbum de estudio de Fabrizio De André, titulado "Le Nuvole" (Las Nubes), nombre tomado del título de la primera canción. La escucha, antes de la lectura, es obligatorio. [...]

El título del album es puramente político y es una referencia directa a la comedia homónima de Aristófanes. En la obra del dramaturgo griego "Las nubes" son los sofistas, malos consejeros y protestantes (entre los que se cuenta, a pesar suyo, el propio Sócrates como el principal representante de este grupo) que, según De André: "Dirigía su mirada hacia la generación más joven, sin duda un nuevo tipo de actitud mental y de comportamiento innovador y desafiante al gobierno conservador de la Atenas de aquellos tiempos. [...]".

Por otra parte: "Mis nubes, sin embargo, deben ser entendidas como aquellos personajes 'peligrosos' y 'demoledores' de nuestra vida social, política y económica. Son todos los que temen a lo nuevo porque lo nuevo podría subvertir sus posiciones de poder. En la segunda parte del álbum, habla del pueblo, aquel que sufre a las nubes sin dar ningún signo evidente de protesta".

Esto explica la partición del disco en dos partes, una en italiano (que representa al poder - las primeras cuatro canciones) y el otro en dialecto (es decir, al pueblo, las otras cuatro canciones). Mediante el uso de esta lectura se puede interpretar el canto de las cigarras inicial, la que abre la canción (volverá a aparece al final de la cuarta canción, la última dedicada al poder ), y que representa "la cháchara/perorata de los ricos, de los poderosos, de las nubes" en su sentido metafórico.

"Si por un lado nos obligan a levantar la mirada para observar, del otro nos impiden ver algo diferente o más alto que a ellos mismos. Las nubes devienen en entidades que deciden sobre de nosotros y a las que debemos someternos, influyendo sobre la vida de todos, aun estando hechas de 'nada'. Son sólo apariencias que pasan por encima con indiferencia y desprecio por nuestros 'deseos de lluvia'".

(Da Matteo Borsani - Lucas Maciacchini, Anima salva, p 146).

"Cierto, así en el tamaño parece un camello".
Para aclarar el significado metafórico de la madeja creada por De André, me gustaría deshacerla de inmediato. Mi propósito es despolitizar las nubes, para poder tener en cuenta otro aspecto, menos opresivo y oscurantista. Se trata de ese aspecto metamórfico, plástico y sorprendente que hace de las nubes un ejercicio fascinante para la imaginación de los niños. A partir de esto, creo, deriva su encanto incluso en la canción de De André. Consideremos el lado fantástico (en el sentido de estimular la imaginación) de las nubes, la garza y ​​la oveja, que los niños ven mejor, pero que incluso el viejo Aristófanes, por su parte, ya había captado:

SÓCRATES: - “Alguna vez, al mirar para arriba, ¿has visto una nube parecida a un centauro, a un leopardo, a un lobo o a un toro?".
ESTREPSÍADES: - "Sí por Zeus. Y eso ¿ qué?"
SÓCRATES: - "Se convierten en todo lo que quieren. Así que si ven a un melenudo, un bruto de esos muy belludos, como el hijo de Jenofanto, para burlarse de su pasión adoptan la forma de centauros".
(Las Nubes - Aristófanes)

Cambiantes nubes, caleidoscópicas y multiformes. Shakespeare parece registrar un efecto similar en una de sus obras más famosas, la trágica historia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, en las palabras del chambelán Polonio:

HAMLET.-  ¿No ves allí aquella nube que parece un camello?
POLONIO.-  Cierto, así en el tamaño parece un camello.
HAMLET.-  Pues ahora me parece una comadreja.
POLONIO.-  No hay duda, tiene figura de comadreja.
HAMLET.-  O como una ballena.

Dada su posición de mensajero \ lacayo, a Polonio también se le puede acusar de mentir para complacer a su amo que se maravilla ante la extensión de formas que afirma tener ante sus ojos. Shakespeare, sin embargo, parece tener por ellas un auténtico encanto, al menos a juzgar por la bella descripción que a su vez representa la magia de las nubes y cirros, evocando la metamorfosis, en un bello pasaje de "Antonio y Cleopatra":

HAMLET.-  A veces vemos una nube que se parece a un dragón; un vapor, alguna vez, similiar a un oso o a un león, una ciudadela con torres, una roca suspendida, una montaña ahorquillada, o un promontorio azul con árboles arriba, que hacen su gesto de saludo hacia el mundo, y burlan nuestros ojos con aire: ¿has visto tú esos signos? Son las procesiones del negro anochecer.
EROS.- Sí, mi señor.
HAMLET.-  Aquello que ahora es un caballo, hasta con un pensamiento el tormento lo despinta, y lo hace indistinguible, como el agua en el agua.

Es sólo una idea. (¿Es Dios un pintor ocupando su tiempo libre en esta diversión?)

Apolonio de Tiana era un filósofo pitagórico, vivió en el tiempo de Cristo, viajó por el mundo predicando sabiduría y haciendo milagros (también él). Filóstrato escribió su biografía, un "documento curioso y conmovedor del paganismo al atardecer". Allí cuenta cómo llegó a la India, donde admiró algunos relieves en metal ejecutados en la época de Alejandro Magno, con lo que se entretenía con su discípulo Damis (sacando conclusiones sobre nubes similares a las mencionadas por Antonio):

"Dime, Damis, ¿hay algo llamado pintura?"
- "Por supuesto", Damis responde.
- "¿Y en qué consiste este arte?"
- "Bueno, - contesta Damis - en la mezcla de colores".
- "¿Y por qué lo hacen?".
- «Por imitación, para obtener una figura que se asemeje a un perro, a un caballo, a un hombre, a un barco o a cualquier otra cosa bajo el sol».
- "Entonces - insiste Apolonio - ¿la pintura es imitación, mimesis?".
- "Por supuesto, qué más debería ser, si no fuera así, sería ridículo jugar con los colores".
- "Sí, continúa su mentor, pero ¿qué pasa con las cosas que vemos en el cielo cuando las nubes corren llevadas por el viento, esos centauros y antílopes, esos lobos y caballos? ¿Son también obras de imitación? ¿Es Dios un pintor ocupando su tiempo libre en esta diversión?".
- "No - responden los dos de acuerdo - estas formas que vemos en las nubes no tienen ningún significado en sí mismas, surgen por pura casualidad; somos nosotros por natura llevados a la imitación y damos forma a estas nubes".
- "¿Pero esto no significa, sugiere Apolonio, que el arte de la imitación tiene un doble aspecto? Uno, el que lleva a uno a usar las manos y la mente para hacer imitaciones, el otro el que se da cuenta de la semejanza solo con la mente. Incluso la mente del observador juega su parte en la imitación. Por eso digo que aquellos que observan las obras de pintura y dibujo deben poseer el poder de imitación y que nadie puede entender el caballo o el toro pintado si no conoce a estos animales".

(cita de Gombrich 221,2)

Aparentemente parece que la forma de las nubes se las damos nosotros, al menos en parte. Por lo tanto, el mal sería una auto-creación, y seríamos víctimas de nuestra propia fantasía. ¿ Pero de acuerdo a qué mecanismo?

http://ecosidimenticammolerose.blogspot.com.es/2009/09/le-nuvole.html


"Por una verdadera, mil son falsas".
La canción/poema escrito por el genio genovés Fabrizio De Andrè, Le Nuvole, es la canción que también da título al álbum completo y nos lleva de la mano guiándonos en la exploración del álbum y ofreciendo la clave para leer todo el álbum. La canción es un recitativo que habla precisamente de las nubes, su apariencia y su comportamiento en el cielo.

El texto no es recitado por De Andrè, sino por dos mujeres, una más anciana que la otra actuando sobre una base soñadora e intensa, Lalla Pisano y Maria Mereu.

"Las elegí", dijo De Andrè, "porque sus voces me parecen representar bien a la madre tierra, la que constantemente ve pasar las nubes y sigue esperando que llueva".

Las dos mujeres, refiriéndose a las nubes, describen la forma en que cambian de color, oscuras o blancas, o cambian sus formas y que consiguen empañar la luz del sol y las estrellas: "y te parece que ya no conoces más / el lugar en donde estás".

"Y se ponen ahí entre nosotros y el cielo". "Si por un lado nos obligan a levantar la mirada para observar, del otro nos impiden ver algo diferente o más alto que a ellos mismos. Las nubes devienen en entidades que deciden sobre de nosotros y a las que debemos someternos, influyendo sobre la vida de todos, aun estando hechas de 'nada'. Son sólo apariencias que pasan por encima con indiferencia y desprecio por nuestros 'deseos de lluvia'".

El mensaje metafórico del cantautor es identificar las nubes, que "Vienen, van, / de vez en cuando se paran", con los políticos, los poderosos, que toman decisiones desde la cima y condicionan la vida de las personas esperanzadas, a quienes les gustaría ver el cielo claro, pero a la que solo le queda "solo un deseo de lluvia".

El conjunto de palabras, voces y música es perfecto y sugestivo, casi como una pintura o una imagen detenida por una cámara.

Con esta obra maestra se abre el telón, en el Teatro Manzoni de Pistoia, del espectáculo Paladini di Francia, representación que se inspirada en el cortometraje de Pasolini: "¿Qué son las nubes?"

http://www.iocsanmarcello.gov.it/blog/per-una-vera-mille-sono-finte/